Esto era una gallina que en la granja puso un huevo. Del huevo salió un pollito, que se convirtió en una gallina que en la granja puso un huevo. El huevo se rompió, crac crac crac, y nació un pollito amarillo, que comió mucho maíz y creció y se convirtió en una gallina, que un día decidió poner un huevo, lo puso y quedó precioso. Del huevo salió un pollito que también era precioso, y creció tanto que se convirtió en una preciosa gallina que vivía en un corral con otras amigas gallinas y, como gallina que era, puso un huevo (en realidad puso muchos a lo largo de su vida, pero ahora nos interesa uno en particular), que ella empolló con esmero y de ahí salió un pollito que comió y comió y comió maíz, pan, agua, semillas, hierba, hojas y todas las cosas ricas que encontraba por el suelo hasta convertirse en una majestuosa gallina muy inteligente que en un atardecer mientras veía cómo el sol se escondía en el horizonte, reflexionaba sobre cómo aportar algo bueno al mundo (no decimos humanidad porque ella era una gallina y los humanos para ella son una especie más de las que existen en la tierra pero no la fundamental), entonces decíamos, ella pensó que, como ser del género femenino, puede dar vida -entre otras muchas cosas que puede hacer para sí misma y para los demás- y esa idea le pareció buena, así que puso un huevo, y estuvo el tiempo necesario dándole calor hasta que ese cariño hizo que de aquel huevo naciera otro ser, un pollito que al principio dependía de ella pero después ya no, y entonces este pollito se crio con muchos cuidados de su madre y gracias a ello creció por fuera, y sobre todo por dentro, consciente de su identidad y adónde podía llegar, y por eso llegó a ser una gallina empoderada y feliz que vivía en comunidad con otras gallinas con las que compartía conversaciones en el jardín, y en un momento dado decidió que aquel día iba a poner un huevo, sabiendo que de ese huevo en algún momento saldría un pollito y entonces ella sería un eslabón más en el ciclo de la vida que nunca para, porque la vida es energía y esta ni se crea ni se destruye, solo se transforma y esto se cumplió una vez más porque del huevo efectivamente nació un pollo que creció…
Y así, el cuento y la vida siguen y siguen y siguen y nunca se acaban.