En voz alta

Cuento cuentos, escribo y pienso, aunque no siempre lo hago en este orden.


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La gallina, el huevo y el pollito

Esto era una gallina que en la granja puso un huevo. Del huevo salió un pollito, que se convirtió en una gallina que en la granja puso un huevo. El huevo se rompió, crac crac crac, y nació un pollito amarillo, que comió mucho maíz y creció y se convirtió en una gallina, que un día decidió poner un huevo, lo puso y quedó precioso. Del huevo salió un pollito que también era precioso, y creció tanto que se convirtió en una preciosa gallina que vivía en un corral con otras amigas gallinas y, como gallina que era, puso un huevo (en realidad puso muchos a lo largo de su vida, pero ahora nos interesa uno en particular), que ella empolló con esmero y de ahí salió un pollito que comió y comió y comió maíz, pan, agua, semillas, hierba, hojas y todas las cosas ricas que encontraba por el suelo hasta convertirse en una majestuosa gallina muy inteligente que en un atardecer mientras veía cómo el sol se escondía en el horizonte, reflexionaba sobre cómo aportar algo bueno al mundo (no decimos humanidad porque ella era una gallina y los humanos para ella son una especie más de las que existen en la tierra pero no la fundamental), entonces decíamos, ella pensó que, como ser del género femenino, puede dar vida -entre otras muchas cosas que puede hacer para sí misma y para los demás- y esa idea le pareció buena, así que puso un huevo, y estuvo el tiempo necesario dándole calor hasta que ese cariño hizo que de aquel huevo naciera otro ser, un pollito que al principio dependía de ella pero después ya no, y entonces este pollito se crio con muchos cuidados de su madre y gracias a ello creció por fuera, y sobre todo por dentro, consciente de su identidad y adónde podía llegar, y por eso llegó a ser una gallina empoderada y feliz que vivía en comunidad con otras gallinas con las que compartía conversaciones en el jardín, y en un momento dado decidió que aquel día iba a poner un huevo, sabiendo que de ese huevo en algún momento saldría un pollito y entonces ella sería un eslabón más en el ciclo de la vida que nunca para, porque la vida es energía y esta ni se crea ni se destruye, solo se transforma y esto se cumplió una vez más porque del huevo efectivamente nació un pollo que creció…

Y así, el cuento y la vida siguen y siguen y siguen y nunca se acaban.


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¿Por qué escribir un libro de poesías absurdas?

Llevo un tiempo escribiendo limericks, un género de poesía del absurdo que popularizó Edward Lear en el siglo XIX. He escrito tantos que estoy preparando un libro. Me divierte mucho escribirlos porque es como un juego. Crearlos es jugar con las palabras, el ritmo, la rima, los personajes, las imágenes generan y los conceptos que plantean. Pero mi mente racional, fruto de esta sociedad y cultura materialista, utilitarista y práctica no deja de preguntarse: ¿por qué estoy haciendo un libro de poesías absurdas? Sigue leyendo


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El trayecto

Cuando voy a contar, uno de los momentos que disfruto especialmente es el trayecto desde mi casa hasta la biblioteca, librería o el espacio en el que se desarrollará la función. Yo no tengo coche, así que me desplazo en transporte público.

Como suelo llevar la maleta o bolsa en la que guardo la ropa y los cuentos y montajes que utilizo en las sesiones, el trayecto lo vivo como un viaje. Y el Metro o la Renfe son para mí diferentes a cuando los utilizo para moverme con cualquier otro propósito. Sigue leyendo


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La poesía que nos acompaña

La poesía nos acompaña desde el principio, nos recibe al nacer, nos acuna con sus nanas, nos entretiene con sus retahílas y rimas, juega con nosotros y nos ayuda a comunicarnos con nuestra familia y personas cercanas cuando todavía no sabemos hablar. Con ella entendemos el mundo en esos primeros años ya que nos lo muestra de la misma manera: a través de imágenes y emociones inconexas y breves.

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Sapo y Sepo y el huerto de Emerson

Dice Luis Landero en las primeras líneas de El huerto de Emerson: “Cuando uno no sabe qué escribir, cuando la imaginación flaquea, cuando el alma se apaga y se embrutecen los sentidos, y cuando aun así uno siente la necesidad de escribir, siempre queda la posibilidad de abandonarse a los recuerdos. En nuestro pasado está todo cuanto necesitamos para encender el fuego de la inspiración”. Esta sugerente frase es sólo un aperitivo de lo que viene después, una novela excepcional sobre la memoria y la necesidad de contar y escuchar historias.

Leyéndola me acordé de El cuento (de Sapo y Sepo son amigos) en el que Sepo, preocupado porque ve a su amigo Sapo “más verde de lo normal” le recomienda meterse en la cama mientras trata de contarle un cuento. Pero a Sepo no se le ocurre ninguno. Sigue leyendo