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(Final del turno de tarde)
La gallina, el huevo y el pollito
Esto era una gallina que en la granja puso un huevo. Del huevo salió un pollito, que se convirtió en una gallina que en la granja puso un huevo. El huevo se rompió, crac crac crac, y nació un pollito amarillo, que comió mucho maíz y creció y se convirtió en una gallina, que un día decidió poner un huevo, lo puso y quedó precioso. Del huevo salió un pollito que también era precioso, y creció tanto que se convirtió en una preciosa gallina que vivía en un corral con otras amigas gallinas y, como gallina que era, puso un huevo (en realidad puso muchos a lo largo de su vida, pero ahora nos interesa uno en particular), que ella empolló con esmero y de ahí salió un pollito que comió y comió y comió maíz, pan, agua, semillas, hierba, hojas y todas las cosas ricas que encontraba por el suelo hasta convertirse en una majestuosa gallina muy inteligente que en un atardecer mientras veía cómo el sol se escondía en el horizonte, reflexionaba sobre cómo aportar algo bueno al mundo (no decimos humanidad porque ella era una gallina y los humanos para ella son una especie más de las que existen en la tierra pero no la fundamental), entonces decíamos, ella pensó que, como ser del género femenino, puede dar vida -entre otras muchas cosas que puede hacer para sí misma y para los demás- y esa idea le pareció buena, así que puso un huevo, y estuvo el tiempo necesario dándole calor hasta que ese cariño hizo que de aquel huevo naciera otro ser, un pollito que al principio dependía de ella pero después ya no, y entonces este pollito se crio con muchos cuidados de su madre y gracias a ello creció por fuera, y sobre todo por dentro, consciente de su identidad y adónde podía llegar, y por eso llegó a ser una gallina empoderada y feliz que vivía en comunidad con otras gallinas con las que compartía conversaciones en el jardín, y en un momento dado decidió que aquel día iba a poner un huevo, sabiendo que de ese huevo en algún momento saldría un pollito y entonces ella sería un eslabón más en el ciclo de la vida que nunca para, porque la vida es energía y esta ni se crea ni se destruye, solo se transforma y esto se cumplió una vez más porque del huevo efectivamente nació un pollo que creció…
Y así, el cuento y la vida siguen y siguen y siguen y nunca se acaban.
Al lado del camino
Al lado del camino,
encontré una guayaba,
me comí la mitad,
guardé lo que sobraba.
Y al abrir la mochila
de nuevo ahí estaba
enterita y redonda
mi querida guayaba,
me comí la mitad,
guardé lo que sobraba.
Y al abrir la mochila…
El cuento de la sardina
Aquí está el primero de mi serie de «Cuentos de nunca acabar». A medida que los vaya escribiendo, los publicaré por aquí (agrupados en su categoría).
Este es el cuento de la sardina
que nada en el río,
nada, nada, nada
y no se termina.
Este es el cuento del delfín
que va por el mar,
nada, nada, nada
y no tiene fin.
Un reto personal
Me he planteado un reto que consiste en escribir y publicar en este espacio cuentos de nunca acabar, al menos, uno cada mes. Como se puede ver ya en la cabecera del blog, es un tipo de creación literaria que me gusta mucho leer, escribir y contar.
Sigue leyendoSobre las bibliotecas
Después de leer Biblioteca pública, de Ali Smith (editorial Nórdica) me he puesto a pensar en mi relación con las bibliotecas. Desde mi adolescencia, son lugares en los que he pasado mucho tiempo, donde yo he estado muy presente y, a la vez, ellas han estado muy presentes en mi vida.
Sigue leyendoVuelvo
Después de un tiempo ocupada en otros quehaceres, por fin puedo volver a este espacio propio, a este espacio de libertad.
Da gusto saber que sigue aquí, paciente, sin exigencias, sin ataduras, con ganas de volver a llenarse de pensamientos sinceros y libres.
¿Por qué escribir un libro de poesías absurdas?
Llevo un tiempo escribiendo limericks, un género de poesía del absurdo que popularizó Edward Lear en el siglo XIX. He escrito tantos que estoy preparando un libro. Me divierte mucho escribirlos porque es como un juego. Crearlos es jugar con las palabras, el ritmo, la rima, los personajes, las imágenes generan y los conceptos que plantean. Pero mi mente racional, fruto de esta sociedad y cultura materialista, utilitarista y práctica no deja de preguntarse: ¿por qué estoy haciendo un libro de poesías absurdas? Sigue leyendo
El trayecto
Cuando voy a contar, uno de los momentos que disfruto especialmente es el trayecto desde mi casa hasta la biblioteca, librería o el espacio en el que se desarrollará la función. Yo no tengo coche, así que me desplazo en transporte público.
Como suelo llevar la maleta o bolsa en la que guardo la ropa y los cuentos y montajes que utilizo en las sesiones, el trayecto lo vivo como un viaje. Y el Metro o la Renfe son para mí diferentes a cuando los utilizo para moverme con cualquier otro propósito. Sigue leyendo
La poesía que nos acompaña
La poesía nos acompaña desde el principio, nos recibe al nacer, nos acuna con sus nanas, nos entretiene con sus retahílas y rimas, juega con nosotros y nos ayuda a comunicarnos con nuestra familia y personas cercanas cuando todavía no sabemos hablar. Con ella entendemos el mundo en esos primeros años ya que nos lo muestra de la misma manera: a través de imágenes y emociones inconexas y breves.