En voz alta

Cuento cuentos, escribo y pienso, aunque no siempre lo hago en este orden.


Deja un comentario

Cuadernos de todo y tiestos llenos de lápices

Acabo de releer Un tiesto lleno de lápices de Juan Farias, un libro que tengo desde que era pequeña y al que me gusta volver de vez en cuando.

En esta novela infantil, Pablo, un niño de 12 años, trata de escribir un libro pero no sabe sobre qué hacerlo porque en su vida no ocurre nada emocionante ni vive en un lugar exótico. Según cuenta: “En casa no suelen pasar cosas sorprendentes, todos los días se come a la misma hora, no hay cocodrilos en el pasillo, papá no es el delantero centro de la Selección Nacional de Hockey, ni yo soy el segundo hermano del Conde Drácula”. Aun así, él busca un cuaderno y escribe sobre su familia y las anécdotas que le suceden. Y ahí es donde encuentra su principal material literario.

Sigue leyendo →


1 comentario

Sapo y Sepo y el huerto de Emerson

Dice Luis Landero en las primeras líneas de El huerto de Emerson: “Cuando uno no sabe qué escribir, cuando la imaginación flaquea, cuando el alma se apaga y se embrutecen los sentidos, y cuando aun así uno siente la necesidad de escribir, siempre queda la posibilidad de abandonarse a los recuerdos. En nuestro pasado está todo cuanto necesitamos para encender el fuego de la inspiración”. Esta sugerente frase es sólo un aperitivo de lo que viene después, una novela excepcional sobre la memoria y la necesidad de contar y escuchar historias.

Leyéndola me acordé de El cuento (de Sapo y Sepo son amigos) en el que Sepo, preocupado porque ve a su amigo Sapo “más verde de lo normal” le recomienda meterse en la cama mientras trata de contarle un cuento. Pero a Sepo no se le ocurre ninguno. Sigue leyendo →


Deja un comentario

Frederick y la primavera extremeña de Llamazares

He leído con mucha ilusión el inesperado nuevo libro de Julio Llamazares Primavera extremeña, un peculiar libro de viaje (más temporal que espacial), en el que cuenta cómo vivió los tres meses de confinamiento en una casa en la sierra de los Lagares, cerca de Trujillo.

Lo leí a finales de diciembre, casi a punto de acabarse este fatídico 2020 y su lectura ha sido un bonito broche final para cerrar este año con un buen sabor de boca. Sigue leyendo →