En voz alta

Cuento cuentos, escribo y pienso, aunque no siempre lo hago en este orden.

El viaje a lo más alto

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kamishibai

“El viaje a lo más alto” es mi primer cuento publicado, como kamishibai.

Cuentan que fue José Martí quien dijo la famosa frase: «Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro». En mi caso, nunca me había imaginado que dos de ellas me sucedieran no solo el mismo año sino también el mismo mes. Fue en abril, cuando nació mi hijo, Ángel, y se publicó mi primer cuento, “El viaje a lo más alto”.

Como os podréis imaginar, en estos meses de lactancia y de cuidados, tan inolvidables como agotadores, me ha sido imposible sentarme a escribir sobre la publicación del cuento. Así que lo hago ahora.

Lo ha editado Sieteleguas en su colección de Kamishibai. Esta palabra japonesa, que significa “teatro de papel”, alude a la manera tradicional contar cuentos en dicho país. Consiste en unas láminas que se colocan en un atril, en cuya parte frontal están las ilustraciones y en la posterior el texto. Así mientras el narrador lee en voz alta, el público ve los dibujos.

Me hace especial ilusión que mi primer cuento se haya publicado como kamishibai, ya que enlaza mis dos actividades literarias, la oral y la escrita. Además es un formato muy adecuado para este texto basado en una leyenda andina del pueblo aymara.

Conocí la historia cuando estuve en Bolivia, en el 2004, en un pueblo del altiplano llamado Titicachi, de mayoría indígena, quechua y aymara. Viajé allí junto con un equipo de la televisión andaluza Canal Sur para grabar unos reportajes y elaborar una campaña para la ONG en la que trabajaba en ese momento. César, un músico y experto en antropología, fue quien me contó esta leyenda.

“El viaje a lo más alto” cuenta la historia de un niño que después de curar a un pájaro herido, recibe un maravilloso regalo: volar hasta la cima de la montaña más alta. Ahí descubrirá el verdadero valor de la naturaleza. Desde que la escuché, me cautivó,  y durante todos estos años la he contado muchas veces a público infantil y adulto, con lo que el cuento ha ido tomando su propia forma, se ha ido adaptando a mis palabras, a mi forma de narrar, pero sin perder su esencia, su estructura ni sus elementos fundamentales.

De este pueblo indígena lo que me impresionó, más que su manera de vivir – muy diferente a la nuestra y mucho más humilde- fue su planteamiento vital, muy enraizado a la tierra, a la que llaman madre como símbolo de una consideración que en Occidente nos es difícil llegar a entender. El respeto por la naturaleza no es, como en nuestra sociedad, una idea racional motivada por la necesidad de cuidar el entorno, sino un sentimiento profundamente arraigado en su cultura, del que parte su manera de entender el mundo.

Toda esta cosmovisión presente en la historia es lo que me fascinó de ella, además de su sencillez. Y es lo he tratado de respetar al contarla y escribirla. Además, en ambas versiones está presente mi cariño hacia todas las personas que conocí allí y nos acogieron de una de manera tan generosa, y hacia este país que me enamoró, con unas montañas descomunales que parece que te desafían y a la vez te arropan. Todas las emociones y recuerdos del viaje están de alguna manera en las dos versiones y desde luego son, y han sido, un motivo para querer contarla.

A partir del texto, Jordi Villaverde ha realizado las ilustraciones, muy adecuadas al formato de la publicación, a la historia y al tono de la misma. En su trabajo se nota un gran esfuerzo y dedicación para adaptar el cuento en imágenes. Especialmente cuidado está el personaje principal, el niño Yucaré, dibujado con mucha ternura y con el que creo será fácil que el público se encariñe nada más verle.

También la editorial ha tratado con mimo esta historia. El texto se ha traducido a tres idiomas (inglés, francés y alemán) y ha acompañado la publicación con unas marionetas recortables y un CD que incluye música original de Iñaki Rubio y sonidos para ambientar la puesta en escena.

Ahora ya solo queda seguir narrando y disfrutando de este cuento. Y por supuesto algún día se lo contaré a Ángel y le explicaré que los dos llegaron casi a la vez. En cuanto a lo de plantar un árbol todavía puedo aprovechar los meses que quedan de 2016, aunque no hay prisa. Parece que no es necesario hacer las tres cosas en el mismo año.

El viaje a lo más alto
Editorial Sieteleguas. Colección Kamishibai A3
Madrid 2016
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