El Rey empezó a correr, a correr, a correr hasta que llegó a casa de la Hormiguita. Se subió a la olla y con su corona de oro rescató a Ratón Pérez y le sentó en el suelo de la cocina.
Ratón Pérez levantó las orejas, movió el hocico, abrió los ojos y sonrió. Sigue leyendo






